ESTA ES LA MEJOR MANERA DE SABER SI ESTAS PROGRESANDO EN UNA PRÁCTICA ESPIRITUAL

¿CÓMO SABER SI LA PRÁCTICA QUE ESTÁS HACIENDO TE ESTÁ SIRVIENDO?

En estos tiempos de confinamiento, tan propicios para la meditación y la reflexión, se vuelve evidente la importancia de tener una "práctica", algo que podemos (o debemos) hacer diariamente y que nos permite desarrollar nuestra mente, nuestra vida interior y, acaso, crear hábitos positivos.

Aunque tener una "práctica", que es sin duda la esencia de toda espiritualidad, puede no necesariamente tener que ver con algo en lo que queramos progresar (o en la cual esto sea relevante), muchas personas naturalmente buscan "practicar" para crecer y alcanzar mayores niveles de desarrollo dentro de ese misma ámbito.

Ya sea que meditemos dentro de una tradición como el budismo, hagamos yoga o qi-gong, recemos o recitemos, practiquemos sueños lúcidos, o actitudes como la compasión o la generosidad o cualquier otra cosa, e incluso si no nos interesa específicamente alcanzar un cierto nivel, todos necesitamos una cierta retroalimentación o confirmación de que lo que estamos haciendo nos sirve y tiene sentido.

Muchas veces esto es autoevidente, pero ya que la mente es tan propensa a la confusión, y quizá también debido a la enorme charlatanería que existe entre los llamados "maestros espirituales", es importante tener una forma de medir los efectos que nuestra "práctica" tiene.

La mejor forma de practicar será siempre bajo la guía de un maestro calificado que puede responder las dudas que van surgiendo. Pero incluso en la ausencia de un maestro, existe una forma muy sencilla de medir el progreso. Esta forma viene del budismo, pero puede aplicarse a cualquier practica como veremos.

Según el maestro Chokyi Nyima Rinpoche, uno de los maestros de budismo tibetano más reconocidos del mundo, la forma en la que podemos medir nuestro desarrollo en lo que el llama el "dharma" –o el sendero espiritual– es simplemente notando si tenemos menos emociones negativas.

Esto es quizá demasiado sencillo para que nos parezca sobresaliente, pero si uno lo piensa bien, hay aquí una profunda verdad.

Aunque el budismo reconoce que una práctica meditativa puede producir visiones místicas y poderes extrasensoriales, estos son desestimados como meras distracciones o efectos secundarios (al menos en un principio). Lo esencial es la purificación de la mente, eso es, la eliminación de emociones negativas.

Existen diferentes esquemas para mapear estas emociones negativas, pero uno de los más comunes habla de cinco grandes aflicciones o factores intoxicantes de la mente (kleśas): ignorancia o confusión, pasión o apego, aversión u odio, envidia o celos, orgullo o arrogancia. Para el budismo todas las emociones negativas y el sufrimiento en general tienen como causa la ignorancia. Sin embargo, es más difícil notar la ignorancia que todos tenemos, justamente porque lo permea todo y porque las otras aflicciones que ésta genera son más conspicuas. Es más fácil notar si comúnmente surgen en nuestra mente pensamientos de envidia, odio, aferramiento, arrogancia, etc.

Cualquiera que sea honesto consigo mismo puede observar esto y la gran mayoría que observa notara que todos los días tenemos pensamientos o actitudes que para el budismo están afligidas, son una especie de toxina que impide que seamos felices y desarrollemos nuestro potencial, la sabiduría que trasciende el sufrimiento.

La mejor manera de medir una práctica es simplemente observar nuestra mente y observar cómo reaccionamos en diferentes situaciones. Cuando hemos tomado una práctica, después de cierto tiempo, nos debe de permitir perder un poco de apego a nuestra identidad y a nuestras posesiones, dejar de lado, al menos un poco, el miedo ante lo nuevo o lo incómodo y finalmente debe hacernos un poco más calmados y un poco más generosos.

Si no lo hace es muy probable que no estemos practicando de la manera correcta o que esa práctica no sea la indicada para nosotros.

En esto no hay nada misterioso o místico. El inicio de todo camino espiritual es moral y tiene que ver con la transformación de hábitos.